quinta-feira, 5 de julho de 2018

El presente sin futuro

El presente sin futuro

Hay que recuperar la capacidad de imaginar un futuro no solo donde podamos vivir, sino donde queramos vivir

El presente sin futuro
Sabemos que el futuro es el resultado del presente. Pero con frecuencia olvidamos que el presente también es el futuro que somos capaces de imaginar. Agotado en sí mismo, el presente se vuelve insoportable. El gran desafío actual es justamente cómo imaginar un futuro que no sea una distopía. El malestar que vivimos hoy no es un acontecimiento cíclico, como algunos creen, sino una esquina histórica sin precedentes en la trayectoria humana, formada por tres grandes crisis: la climática, la de la democracia y la digital.
La crisis climática ocurre cuando los humanos dejan de temer la catástrofe para convertirse en la catástrofe que temían. Marcada por fenómenos ocasionados por nuestra especie, como el calentamiento global, y agravada por eventos políticos como Donald Trump, también ocasionados por parte de nuestra especie, la posibilidad de que el planeta se caliente menos de dos grados centígrados hasta fin de siglo es escasa. Al contrario. Nos estamos dirigiendo a los tres grados centígrados. Aunque la gente no consiga nombrar el malestar que ya siente en los huesos, se llama cambio climático y corroe la vida cotidiana.
Si en cada país la crisis de la democracia presenta particularidades, el sentimiento común es el de la incapacidad del sistema democrático para promover mejoras concretas en la vida de la mayoría. Una parte significativa de la población ha dejado de creer en la democracia como promotora de justicia social. Y, al hacerlo, se abstrae de la política, acelerando el proceso de destrucción del sentido de comunidad. La antipolítica es contar solo como uno. Quien cuenta solo como uno no cuenta.
Internet no ha cambiado la humanidad, sino que la ha revelado. Y sin escalas, de un desgarrón. Con la idea distorsionada de que se puede decir “todo”, descubrimos por las redes (anti)sociales lo que antes se restringía al pensamiento. Al arrancar las ilusiones de la humanidad sobre sí misma, Internet ha causado una herida narcisista. Esas ilusiones cumplían un papel esencial en el pacto civilizador. Quizá dentro de algunas décadas conoceremos la dimensión de los efectos de esta ruptura.
¿Cómo enfrentar esta triple frontera de la humanidad? Para moverse hay que recuperar la capacidad de imaginar un futuro no solo donde podamos vivir, sino donde queramos vivir. Con imaginación, más que con esperanza, podemos refundar la democracia y reinventar la política. También con imaginación seremos capaces de recoser las ilusiones necesarias para la vida en común y retomar la propia idea de comunidad en un mundo bloqueado por muros. Y con imaginación tendremos que buscar una manera de adaptarnos a la nueva realidad climática del planeta.
Imaginar no es escapar, sino crear realidades. Del amor al móvil, no existe nada que antes no se haya imaginado. El desafío globalizado no es recuperar la esperanza, sino la imaginación.

La tragedia ambiental en la Amazonía: acaparamiento y corrupción

COLUMNA

La tragedia ambiental en la Amazonía: acaparamiento y corrupción

En 2017 fueron deforestadas 219.000 hectáreas de bosque, lo que supone un aumento del 23% con respecto a 2016

El Gobierno Colombiano ha dado a conocer el informe sobre deforestación en Colombia. La cifra es sencillamente increíble. Fueron deforestadas 219.000 hectáreas de bosque, lo que supone un aumento del 23% con respecto a 2016, año en el que la cifra llegó a poco más de 178.000 hectáreas. Otro de los datos es que al dividir el país en regiones naturales, se observa que en prácticamente todas disminuyó la deforestación, menos en la región amazónica, donde aumento vertiginosamente.
En la andina se pasó en 2016 de 45.000 hectáreas deforestadas a poco más de 37.000 en 2017. En la región Pacífica, se pasó 29.000 a 13.000 hectáreas en el mismo periodo. En el Caribe, de 24.0000 a 15.000. En la Orinoquía permaneció estable en poco más de 9.000 hectáreas deforestadas en cada año. Pero la Amazonía pasó de 70.000 hectáreas de forestadas en 2016 a 144.000 en 2017. Una verdadera tragedia. Al desagregar más los datos, se logra ver que solo tres departamentos del país, ubicados en el sur, en lo que se conoce como la puerta de la región amazónica, tienen cerca de 130.000 hectáreas deforestadas en 2017. 
Además, cuatro municipios de estos departamentos concentran la mayoría de la deforestación del país con poco más de 70.000 hectáreas. A excepción de la Amazonía, en las demás regiones del país, la estrategia del Ministerio del Medio Ambiente y en general del Gobierno nacional, sumado a un proceso de educación social, han permitido disminuir la deforestación y comenzar a contrarrestar los efectos de la misma.
Sin embargo, al indagar por la Amazonía y las razones del aumento de la deforestación se encuentran dos grandes respuestas con un trasfondo. Por un lado, miles de hectáreas de selva se destruyen para la praderización y con ello la acumulación de tierras. Durante el proceso de investigación, se encontró que trabajadores foráneos llegan a zonas de frontera agrícola, armados con motosierras, para destruir selva. Luego proceden a cercarla y meten algunas vacas para disimular el acaparamiento de tierras.
Una segunda explicación de la deforestación se refiere a la expansión de los cultivos de uso ilícito. Igualmente, cientos de hectáreas han sido destruidas para sembrar coca. La cifra de Naciones Unidas indica que Colombia estaría con poco más de 176.000 hectáreas de hoja de coca, la más alta de la historia.
El trasfondo es la corrupción. Todo parece indicar que la mayor deforestación en el 2017 obedece al acaparamiento de tierras. En estas zonas antes dominaba la guerrilla de las FARC. Ellos regulaban, eran como los jueces en estos territorios. Por ejemplo, dentro de las normas sociales que imponían, los foráneos no podían comprar tierras, una familia solo podía tumbar una hectárea de selva cada tres meses, la mitad era para cultivos de pancoger [conforme a la reforma rural] y la otra mitad para sembrar hoja de coca. Ahora, con la dejación de armas de esta guerrilla, el caos se tomó gran parte de la ruralidad colombiana.
Campesinos del Guaviare indican: "La semana pasada llegaron 30 trabajadores a tumbar selva y no los conocemos, dicen que vienen de parte de los patrones". En tan solo unos días se alcanzan a destruir hasta 100 hectáreas de selva amazónica. Por esa misma zona, también se destruyó selva para hacer una trocha o carretera no pavimentada. Se le denomina La Trocha multimodal que va del municipio de Calamar hacia el municipio de Miraflores. Al preguntar a los campesinos por la trocha y los patrones, dicen que esa fue una promesa de campaña política y todo indicaría que detrás del acaparamiento de tierras estarían políticos y ganaderos de la región, obviamente con testaferros. Además, las entrevistas y el trabajo en campo también indican una fuerte corrupción por parte de la Fuerza Pública en la región. Las imágenes son desoladoras y las autoridades judiciales poco hacen ante esta tragedia.

Deutsche Welle (Alemanha) – Sul-coreanos criam oásis de alimentos orgânicos na Bahia


Devido à escassez de terras na Coreia do Sul, empresa de orgânicos Doalnara expandiu suas operações para o Brasil. Maior projeto da companhia no exterior, comunidade no Nordeste mantém costumes do país asiático vivos.

Na traseira de um carrinho de golfe novo em folha estacionado num posto de gasolina de Formosa do Rio Preto, na Bahia, uma folha de papel traz escrito "Propriedade dos Coreanos". No município sossegado no oeste do estado, a cerca de 950 quilômetros de Salvador, a cena inusitada causa entusiasmo entre os habitantes da região.

"Estão dizendo que a fazenda deles parece até uma cidade nova", diz Abner Costa, abaixando a voz e apontando para o carrinho.

Gisélio Serpa, um dos líderes dos agricultores locais, acrescenta: "A gente sabe que eles trouxeram muito material de construção." Questionado se são bons vizinhos, ele responde: "Eles são tranquilos."

Perto do posto de gasolina, uma estrada esburacada de terra vermelha leva da rodovia à vasta savana de Cerrado que cerca os sítios dos pequenos agricultores. Depois de percorrer 40 quilômetros, depara-se com um asfalto liso à esquerda.

Palmeiras margeiam o caminho que leva a um portão com os dizeres "seja bem-vindo ao novo paraíso", logo antes de uma ponte de concreto recém construída. Em seguida, um carrinho de golfe cruza o caminho que leva ao prédio administrativo da fazenda de produção de orgânicos, a Oásis.

Segurando um guarda-sol de estilo coreano para se proteger do forte sol brasileiro, Ivone Shin, de 67 anos, espera na frente da casa. Ela é a administradora da fazenda Oásis, propriedade da empresa sul-coreana Doalnara.

Por intermédio da sua subsidiária brasileira Bom Amigo, a marca de produtos orgânicos comprou uma parcela de vegetação nativa de dez mil hectares em 2009. Seis anos depois, recebeu uma licença ambiental para produzir numa área de mil hectares.

A maioria das 500 pessoas que vivem na fazenda chegou ao local nos últimos dois anos para se estabelecer nas casas recém-construídas. Todos têm raízes sul-coreanas: alguns vieram diretamente da Coreia do Sul, enquanto outros vieram da Rússia, dos Estados Unidos ou do Japão.

Devido à expectativa de expandir a área cultivada, espera-se que mais sul-coreanos cheguem ao Brasil. Outros 111 sul-coreanos vivem hoje em outras quatro fazendas no país: duas no estado de São Paulo e duas na Bahia.

"Viemos realizar nosso sonho, criar nosso novo paraíso", diz Shin, em um português difícil de sair. Embora ela tenha emigrado para o Brasil com a família nos anos 1970, o coreano é a língua oficial da comunidade.

O isolamento do ambiente é o motivo pelo qual a empresa se mudou para cá: um pedaço de terra onde produtos geneticamente modificados ou agrotóxicos nunca foram usados.

"Aqui no Brasil, queremos começar do início, numa terra que não foi tocada antes", diz Lucas Miura. Ele chegou há sete anos vindo do Japão e aprendeu português ouvindo gravações de áudio.

Segurança alimentar
A Coreia do Sul importa ou processa localmente 70% dos alimentos que são consumidos no país. Além da rápida industrialização, o país do Leste Asiático tem pouca terra disponível para a agricultura. Por isso, o governo tem incentivado o desenvolvimento da agricultura no exterior.

Em 2015, foi aprovada uma lei visando garantir a estabilidade da produção agrícola fora do país. Segundo o Ministério da Agricultura da Coreia do Sul, as empresas sul-coreanas acumularam 76 mil hectares de terra e produziram 426 mil toneladas de grãos no exterior em 2016.

O governo financia parte das operações da Doalnara no Brasil e em outros países, incluindo as Filipinas, onde a empresa possui 225 hectares; os Estados Unidos, com 64 hectares; e o Quênia, com 15 hectares. A empresa tem 3.500 funcionários em todo o mundo.

Com dez mil hectares, a Oásis é, de longe, o maior projeto da Doalnara, rendendo até 260 toneladas de alimentos na última colheita. A operação da empresa no Brasil também é bem maior do que a na própria Coreia do Sul, onde a companhia administra dez fazendas, com uma área total de 256 hectares.

A Doalnara tem especial preocupação com o impacto de produtos transgênicos, que compõem a maior parte das importações de alimentos da Coreia do Sul. "É possível produzir mais alimentos quando se usa sementes geneticamente modificadas. Mas, à medida que evoluem, as plantas ficam piores e contraem doenças. Queremos impedir isso", explica Miura.

A comunidade
Enquanto a Doalnara é uma empresa internacional de grande porte, o estilo de vida na fazenda brasileira se distancia da lógica capitalista. Eles produzem quase tudo, de sabão e xampu a comida. A produção local inclui soja, milho, arroz, feijão, gergelim, abacate, maracujá e banana. E os sul-coreanos criaram sua própria versão de pão de mandioca.

Na comunidade, a comida é distribuída entre os moradores da vila. Não se usa dinheiro ali, já que os produtos são trocados ou divididos gratuitamente.

Os membros da comunidade são cuidadosamente selecionados para fazer parte da empreitada. Ter conhecimentos em agricultura é uma vantagem, mas não é essencial. O mais importante é que os membros sejam católicos e que sigam os princípios do mestre Suk Sun, que transmite os valores da Doalnara, como honrar mãe e pai, respeitar os mais velhos, dividir os bens com a comunidade e trabalhar em conjunto. O mestre se mudou para a Oásis com seus seguidores, mas evita falar com jornalistas.

Na fazenda, mantêm-se os costumes sul-coreanos. Os moradores têm sua própria escola, onde as crianças estudam em coreano. O currículo foi desenvolvido pela própria comunidade.

Cristina Wu, de 25 anos, cresceu em Los Angeles e se mudou para o Brasil em 2010, buscando um novo rumo. "Tem sido uma aventura observar o avanço desse processo, ver um sonho pequeno se transformando num grande projeto como este", afirma.

Le Monde (França) – La moitié des terres dans le monde sont dégradées


Le phénomène dû au changement climatique et aux activités humaines va amplifier les migrations

Au cours des vingt dernières années, les pressions sur les terres et les sols ont considérablement augmenté. Pour préserver notre planète pour les générations futures, nous devons de toute urgence changer la façon dont nous traitons ces précieuses ressources. " Tibor Navracsics, responsable du Centre commun de recherche (JRC), le service scientifique de la Commission européenne, a tiré le signal d'alarme lors de la présentation, le 21  juin, du travail coordonnée par les experts de l'Union européenne.

Le JRC rendait publique, ce jour-là, la troisième édition de l'Atlas mondial de la désertification – publié une première fois en 1992, au Sommet de la Terre de Rio. Chaque année, une surface équivalente à la moitié de la taille de l'Union européenne (UE) – soit plus de deux millions de kilomètres carrés – est dégradée, l'Afrique et l'Asie étant les deux continents les plus touchés. " On peut s'accorder à dire que plus de 50 % de la surface terrestre est aujourd'hui affectée par ce mécanisme lié aux variations climatiques et aux activités humaines, et que le phénomène va grandissant ", estime le géographe et principal auteur de l'ouvrage, Michael Cherlet.

Stress hydrique
S'il est difficile de quantifier ce phénomène, c'est d'abord parce que la dégradation des terres n'est pas un concept statique, mais un processus évolutif par -lequel les sols épuisent leur potentiel biologique et leur capacité à supporter ou à nourrir les populations. La qualité des sols est une notion variable selon ses -utilisateurs. Les experts du JRC ont donc élaboré une grille de lecture identifiant quatorze paramètres: des critères biophysiques comme l'aridité, le stress hydrique, l'érosion ou la perte de végétation, et des critères socio-économiques tels que la densité de population, l'urbanisation, les pratiques agricoles, le mode d'élevage ou le niveau de vie.

Forts de cette approche pluridisciplinaire, ils ont dressé un inventaire cartographique en s'appuyant sur les progrès réalisés dans le domaine de l'image satellitaire. Vingt satellites d'observation scrutaient la planète en 1992, ils sont près de cent aujourd'hui. Cet état des lieux de la dégradation mondiale, qui a nécessité trois ans de travail, s'inscrit également dans une dynamique politique.

Moins connue que la Convention-cadre des Nations unies sur les changements climatiques et que celle sur la diversité biologique, la Convention sur la lutte contre la désertification fait pourtant partie du triptyque imaginé au sommet de Rio. " Nous avons besoin d'outils comme cet atlas pour suivre le rythme de dégradation des terres à l'échelle globale et pour repérer des solutions pour y faire face ", réagit Monique Barbut, la secrétaire exécutive de la Convention désertification.

L'agence onusienne s'est elle-même livrée à l'exercice. Dans un rapport publié à l'automne 2017, elle alertait déjà sur l'empreinte excessive de l'homme sur les ressources naturelles. Parmi les chiffres significatifs, on retiendra que 1,7 milliard de personnes vivent aujourd'hui près de fleuves où la ressource en eau s'appauvrit. A l'horizon 2025, près des deux tiers de la population mondiale pourrait être confrontée à une situation de stress hydrique.

" L'accès à l'eau sera dans l'avenir l'un des enjeux les plus importants qui aggravera, ou atténuera, la dégradation des terres ", insiste Michael Cherlet. L'extension massive de l'agriculture dans le nord-est de la Chine, par exemple, fait déjà pression sur la qualité des sols et les ressources hydriques.

Les cartes élaborées sous l'égide du JRC démontrent aussi que l'appauvrissement des terres est à l'œuvre partout dans le monde, et pas uniquement dans les régions arides et semi-arides. " Pas besoin d'aller au bout du monde pour rencontrer des terres dégradées, confirme Robin Duponnois, directeur de recherche à l'Institut de recherche pour le développement. Il suffit de traverser le sud de l'Espagne, ou la région d'Agadir au Maroc. Le maraîchage, combiné aux pratiques d'irrigation, y est si intense que les terres ne sont aujourd'hui plus utilisables et très salinisées. " Pour ce spécialiste de la désertification, la révolution verte, basée sur des monocultures à haut rendement et l'utilisation massive d'intrants, est l'une des causes majeures de ce mal planétaire.

La région du Gran Chaco, en Argentine, Bolivie et Paraguay – l'un des cas examiné par les auteurs –, illustre une autre facette de la dégradation. Deuxième plus vaste écosystème forestier d'Amérique du Sud derrière l'Amazonie, territoire unique par sa biodiversité, il a perdu en moins de trente ans 142 000  km2 de forêts (soit 20 % de sa superficie totale) au profit de l'agriculture et demeure l'une des régions du monde les plus menacées en raison de la demande croissante de denrées agricoles.

Raisonnement en silo
"Ce n'est pas une révélation, mais l'Atlas le montre avec évidence, les grands pôles de la consommation mondiale ne sont pas ceux de la production mondiale ", explique M. Cherlet. En Amérique du Sud, on déforeste notamment pour satisfaire les besoins des consommateurs d'Amérique du Nord ou d'Europe.

Selon Peter Potapov, de l'université américaine du Maryland, au rythme actuel de l'expansion agricole, industrielle et minière, les forêts primaires auront, d'ici 2030, disparu au Paraguay, mais aussi au Laos ou en Guinée équatoriale. Les forêts de Centrafrique, du Nicaragua ou du Cambodge pourraient subir le même sort d'ici 2040.

Pour Monique Barbut, il n'est plus possible raisonner en silo, abordant d'un côté la question de l'usage de terre, de l'autre celle du changement climatique ou du déclin de la biodiversité. " Qui peut imaginer un instant réussir à freiner les émissions de gaz à effet sans recourir à la séquestration du carbone, donc aux techniques de réhabilitation des terres? ", lance-t-elle.

De même, il serait temps d'assumer que " les migrants originaires d'Afrique subsaharienne viennent de zones rurales dégradées ", même si l'instabilité économique ou politique peut expliquer aussi leur départ. Quelque 700 millions de personnes pourraient être contraintes à l'exil, d'ici 2050, compte tenu de la raréfaction des terres cultivables, anticipe l'Atlas. L'augmentation attendue de la population mondiale, 9 milliards d'humains au milieu du siècle, rendra la pression sur les ressources naturelles quasi insupportable.
Simon Roger