segunda-feira, 9 de julho de 2018

Los barcos se cruzan en el camino de la vida en el Ártico




Los barcos se cruzan en el camino de la vida en el Ártico

La mitad de las poblaciones de mamíferos marinos es vulnerable al aumento previsto del tráfico marítimo



Las rutas migratorias de muchas belugas se cruzan con las rutas de los barcos.Ampliar foto
Las rutas migratorias de muchas belugas se cruzan con las rutas de los barcos. 

El muro de hielo que ha protegido la vida en el Ártico durante siglos de las incursiones humanas se está desmoronando. En unas pocas décadas, será posible el paso tanto por el este como por el oeste a los barcos durante meses. El deshielo traerá un aumento del tráfico marítimo que, según un nuevo estudio, amenazará la supervivencia de unas especies marinas que solo viven allí y que han prosperado sin apenas presencia humana.
Investigadoras de EE UU han analizado el impacto que tendrán los grandes barcos comerciales en seis especies de mamíferos marinos y el oso polar, todas ellas endémicas de la región ártica. Desde 1979, la extensión del océano Ártico deshelada en septiembre (el mes de menor cobertura de hielo) ha aumentado en más de un 50%, según datos de la NASA. El paso del noroeste (por encima de Canadá) y el paso del mar del Norte (sobre Rusia) están abiertos cada vez más semanas. Los científicos estiman que, para mediados de siglo, no habrá hielo en todo el Ártico en verano.
El deshielo abrirá el paso al tráfico marítimo. Son muchas millas de ahorro: Entre los puertos europeos de Hamburgo y Róterdam, por ejemplo, y las ciudades industriales de la costa de China o Japón hay unas 11.000 millas náuticas (unos 20.000 kilómetros) por el canal de Suez. Por el norte, bordeando Rusia, la ruta se acorta hasta las 6.500 mn (unos 12.500 km). Aunque el otro paso, el del noroeste, ofrece ventajas solo en determinadas rutas comerciales, por el estrecho de Bering (entre Alaska y Rusia) cruzaron en 2016 el doble de barcos que en 2008, según datos del Instituto Ártico. Lo demás lo dictan la economía y el impacto del calentamiento global.

Los narvales y belugas, los más vulnerables al tránsito de barcos y focas y osos, los que menos

"En unas décadas, será posible pasar sobre el mismo polo norte. Esto plantea la cuestión de cómo permitir el desarrollo económico al tiempo que se protege a las especies marinas del Ártico", comenta en una nota la investigadora de la Universidad de Alaska en Fairbanks (EE UU), Donna Hauser. Junto a colegas del centro de ciencia polar de la Universidad de Washington, Hauser ha estudiado el previsible impacto del tráfico futuro sobre 80 poblaciones de belugas, narvales, ballenas boreales, foca ocelada, morsas, foca barbuda y oso polar. Siete especies que solo se dan en el Ártico y que, casi todas, son la cúspide de este ecosistema tan particular.
La combinación entre grado de sensibilidad de la especie y probabilidad de exposición a los barcos ha permitido a los científicos elaborar una clasificación de poblaciones y especies más amenazadas. Los mamíferos marinos que peor lo van a pasar son los narvales. Son seres muy sensibles a las interferencias humanas y, además, para algunas grandes poblaciones, como los 20.000 que transitan por la zona de la bahía de Baffin (al norte de Canadá), sus rutas migratorias se cruzan con las más optimas para el tráfico marítimo, según los resultados del estudio, publicado en PNAS.


Arriba, el Ártico en septiembre de 1979. Abajo, extensión del hielo en el mismo mes de 2015, con los paso del Noroeste y del mar del Norte abiertosampliar foto
Arriba, el Ártico en septiembre de 1979. Abajo, extensión del hielo en el mismo mes de 2015, con los paso del Noroeste y del mar del Norte abiertos 

"Los narvales tienen todos los elementos para hacerlos vulnerables a la interferencia de los barcos", comenta la investigadora de la Universidad de Washington y coautora del estudio, Kristin Laidre. "Son de sitios fijos, muy inflexibles en cuanto a dónde pasan el verano, se mueven por apenas una cuarta parte del Ártico y están justo en medio de algunas rutas marítimas", añade. Además, dependen mucho de las señales sonoras para moverse. Tras los narvales, las siguientes en la lista de vulnerabilidad aparecen las belugas y las ballenas boreales. Ya se han documentado casos de choques entre alguno de estos cetáceos y barcos en el Ártico, algo que aumentará en el futuro.
Aunque no escaparán al impacto de tanto barco, las especies que aparecen menos vulnerables son las focas y, en particular, los osos polares. Tan castigados por el avance del deshielo, los úrsidos pasan la mayor parte del verano sobre las porciones terrestres del Ártico y no necesitan del sonido bajo el agua para comunicarse o nadar, como sí le sucede a las demás especies.

Una isla deshabitada en el Pacífico sur es el lugar con más basura del mundo


Los 37 kilómetros cuadrados de Henderson acumulan 18 toneladas de desechos que llegan flotando

Una playa de la isla Henderson en 2015.  AP
Una isla deshabitada en el Pacífico sur es el lugar con mayor densidad de basura en el mundo. El territorio de Henderson acumula 18 toneladas de desechos a lo largo de sus 37 kilómetros cuadrados, es decir, 671 restos de basura por metro cuadrado, según un estudio publicado este lunes por la revista científica estadounidense PNAS. Cada día llegan otros 3.570 desperdicios flotando, a pesar de que el territorio está a 5.000 kilómetros de distancia de la masa continental más cercana, agrega el artículo.
Un cangrejo utiliza un pedazo de plástico como refugio, en 2015.ampliar foto
Un cangrejo utiliza un pedazo de plástico como refugio, en 2015.  AP
La isla Henderson forma parte del archipiélago británico Pitcairn y allí se realizan estudios científicos cada cinco o diez años. Está ubicada cerca de llamado Giro del Pacífico sur, un torbellino gigante donde se acumulan desechos transportados por corrientes marinas provenientes de barcos o de América del Sur.
Los científicos calculan que hay unos 38 millones de pedazos de plástico en la isla Henderson, que es de un tamaño similar a la ciudad española de A Coruña. Sin embargo, la cantidad de basura podría ser incluso mayor, según explicó la autora principal del estudio, Jennifer Lavers, del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos de la Universidad de Tasmania. El equipo científico solo exploró hasta una profundidad de diez centímetros en la arena, en las zonas de acantilados el acceso era menor, y muchos pedazos de plástico eran demasiado pequeños para contarlos.
Envases de plástico, boyas de pescar, redes, cepillos de dientes y mecheros son parte de los desperdicios que cubren la isla. Aunque la mayoría son "objetos sin identificar", como los miles de trozos que solo miden un milímetro, dijo Lavers a la agencia Efe.
"Lo que vemos en la isla de Henderson demuestra que ningún lugar del mundo escapa a la contaminación por plástico, ni siquiera los más alejados en los océanos", ha explicado Lavers. La experta ha advertido de que el 25% de las especies marinas y algunas aves comen plástico en algún momento. "Y, si uno come un pescado con estos tejidos contaminados, en realidad está comiendo su propia basura", ha insistido.
Los científicos calculan que, mientras en la década de 1950 la producción de plástico era menor a dos millones de toneladas, en 2014 ha superado los 300 millones de toneladas en todo el mundo. El plástico que no es reciclado y termina en el mar, donde flota durante años y representa una amenaza para animales que lo ingieren o se enredan en la basura, ha explicado el estudio.
Basura acumulada en la arena de la isla Henderson, en 2015.
Basura acumulada en la arena de la isla Henderson, en 2015.  AP

Combatir la contaminación por plástico a 9.000 metros de altura


Alaska Airlines se ha convertido en la primera aerolínea estadounidense en sustituir en sus vuelos los palitos de plástico para remover bebidas por alternativas sostenibles

Varios aviones de la Alaska Airlines se preparan para despegar en el aeropuerto internacional de Portland, en Oregón.
Varios aviones de la Alaska Airlines se preparan para despegar en el aeropuerto internacional de Portland, en Oregón.  CORBIS VIA GETTY IMAGES
Plieguen su mesita, pongan el respaldo de su asiento en posición vertical, y prepárense para librarse del plástico. Ahora que la lucha contra los objetos de plástico de un solo uso está ganando fuerza, Alaska Airlines se ha convertido en la primera aerolínea estadounidense en sustituir en sus vuelos los palitos de este material para remover bebidas por alternativas sostenibles. La compañía aérea se ha comprometido a que estos utensilios desaparezcan de sus vuelos.
La iniciativa seguramente reducirá tan solo un porcentaje mínimo del total que se utiliza cada día —y una proporción aún menor del que acaba en el océano—, pero tanto sus defensores como los investigadores sostienen que puede ser un paso importante hacia la concienciación de los consumidores y que posiblemente servirá para presionar a un sector para que se pase a otros materiales más sostenibles.
El anuncio de Alaska Airlines se produjo a mediados de mayo y llega en el contexto de un movimiento que cobra cada vez más fuerza a favor de la reducción del uso de este material. Entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas van a parar al océano cada año, donde se descompone en pequeños fragmentos que son ingeridos por los peces y afectan a los organismos marinos, desde la avifauna del Ártico hasta los arrecifes de coral tropicales. El pasado 28 de mayo, la Comisión Europea propuso prohibir los artículos de plástico de un solo uso en los países europeos siempre que exista una alternativa sostenible. Al mismo tiempo, el Parlamento de California está considerando diversas leyes que pueden reducir la contaminación debida a este material.
La campaña contra la contaminación se puso un objetivo especialmente sencillo de alcanzar en 2017: dejar de contar con las pajitas de plástico, un objeto que en la mayoría de los casos no es reciclable y suele desplazarse volando y flotando hasta los ríos, los arroyos, las playas y, al final, los océanos.
Mientras la ofensiva sigue ganando impulso, algunas empresas se han negado a sumarse a la iniciativa #StopSucking, en español “deja de sorber”. A finales de mayo, por ejemplo, la mayoría de los accionistas de McDonald’s rechazaron una resolución por la cual el gigante de la comida rápida habría tenido que evaluar “los riesgos empresariales asociados al uso continuado de las pajitas y los esfuerzos de la empresa por desarrollar y utilizar sustitutos en sus restaurantes”.
Sin embargo, según la campaña The last plastic straw [La última pajita de plástico] de la Coalición contra la Contaminación por Plástico, 1.800 establecimientos de restauración, además de colegios y otras instituciones, han dejado de usarlas, y el 1 de julio, además, entró en vigor en Seattle la prohibición de las mismas y de los cubiertos de plástico de un solo uso. Asimismo, Maui y la Isla de Hawái han prohibido ya los envases para llevar de poliestireno, mientras que el resto del estado no tardará en seguir su ejemplo.
Las líneas aéreas de Alaska se han convertido en la primera aerolínea en unirse al movimiento. La compañía no utiliza pajitas para beber como las que acompañan a los refrescos de McDonald’s, pero pone palitos de plástico para remover los cócteles y el café, y reparte mondadientes del mismo material. A partir del 16 de julio serán sustituidos, respectivamente, por utensilios de abedul blanco y bambú. Los clientes con necesidades especiales que lo soliciten tendrán a su disposición otra opción biodegradable, informa Shaunta Hyde, directora general de relaciones con la comunidad de Alaska Airlines. Hyde declinó identificar los actuales proveedores de pajitas de la aerolínea e informar sobre si esta se dispone a cambiarlos.
Entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas van a parar al océano cada año
Jacqueline Drumheller, directora de sostenibilidad de la compañía aérea, declaraba que, el otoño pasado, Alaska Airlines decidió dejar de utilizar definitivamente las pajitas a raíz de lo que ella denominaba la “corriente de sensibilización” de los últimos años. El epicentro de ese movimiento podría muy bien ser Seattle, donde se encuentra la sede central de la aerolínea. Russell Wilson, líder de los delanteros del equipo de fútbol americano Seattle Seahawks, y otros personajes famosos de la ciudad han aparecido en vídeos instando a la gente a sumarse a la iniciativa Deja de sorber. Asimismo, en el aeropuerto internacional de Seattle-Tacoma, el mayor nudo de tráfico aéreo de Alaska, 25 restaurantes y comercios han dejado de ofrecer pajitas de plástico y facilitarán equivalentes de papel biodegradable cuando el cliente los solicite.
Alaska Airlines recibió también una carta de una girlscout que pedía a la aerolínea que eliminase este adminículo y redujese la contaminación causada por el plástico. “Así que había un montón de semillas que se estaban empezando a regar”, cuenta Drumheller. El riego aumentó cuando Lonely Whale, el grupo de defensa de los océanos fundado, entre otros, por Adrian Grenier, el actor y activista que está detrás de las campañas Deja de sorber y Sin pajitas en Seattle, se dirigió a las líneas aéreas de Alaska.
Dune Ives, directora ejecutiva de Lonely Whale, explicó que era cliente habitual de la aerolínea desde 1984 y que volaba casi exclusivamente con ella. En sus vuelos, señalaba, “era difícil no reparar en los objetos de plástico de un solo uso imposibles de reciclar”. Así que, tras poner en marcha la campaña de Seattle, Ives se puso en contacto con la compañía aérea, que había ampliado significativamente sus rutas tras adquirir Virgin America. “En nuestra primera conversación con ellos les comunicamos que queríamos que supiesen que estábamos haciendo la campaña de las pajitas en Seattle y, de paso, que el aeropuerto de Seattle-Tacoma se había unido a ella y las estaba eliminando, así que pensábamos que podíamos colaborar en ese terreno”, cuenta Ives. La comunicación tuvo lugar a principios de esta primavera. “Desde el primer momento hasta el final, fue uno de los cambios de rumbo más rápidos que hemos visto en ninguna empresa”, observa.
Puede que volar haya se haya quedado sin su glamur de antes. Alaska Airlines se ha quedado también sin palitos para remover bebidas y mondadientes de plástico.
Puede que volar haya se haya quedado sin su glamur de antes. Alaska Airlines se ha quedado también sin palitos para remover bebidas y mondadientes de plástico.  GETTY IMAGES
Las líneas aéreas esperaron a estar bien seguras de que sus empleados estaban de acuerdo con el cambio, recuerda Ives, que señala que cada empresa tiene preocupaciones diferentes. Algunas piensan que los clientes se van a rebelar si no tienen una pajita en su cóctel, a otras les inquietan los costes de cambiar a un nuevo producto o la logística de organizar un proveedor capaz de abastecer del volumen de producto necesario. “Es curioso porque, por una parte, la pajita es algo muy simple y, sin embargo, es interesante los problemas que puede plantear su transición”, comenta Ives.
Según la compañía aérea, el año pasado utilizó 22 millones de mondadientes y palitos para remover, lo cual representa una fracción minúscula del plástico que se vierte a los océanos cada año. Probablemente constituya también un pequeño porcentaje del volumen total de otros desechos de este material producidos por el transporte aéreo, como botellas, auriculares, envoltorios, tazas, cubiertos y bandejas.
Y a diferencia, pongamos por caso, de la pajita de un Frappuccino de Starbucks que se derrama de una papelera en la calle o del envoltorio de celofán que sale volando, el volumen de pajitas y mondadientes de los aviones que se filtran al exterior seguramente es ínfimo. “En el riguroso sistema de eliminación de residuos de Estados Unidos y de los aeropuertos, la mayoría de las veces es algo que ocurre por accidente. Es difícil que la gente arroje basura al exterior desde un avión, por ejemplo”, afirma Jenna Jambeck, profesora de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Georgia que sigue la pista a la contaminación marina por plástico.
Según Jambeck, además de los costes de eliminación que ahorrará a la compañía, el efecto principal de la nueva política de las líneas aéreas de Alaska probablemente será la sensibilización de los pasajeros sobre los plásticos de un solo uso. “Con ello, la compañía aérea está dando ejemplo”, observa. “Así la gente se acostumbrará a no utilizar palitos para remover, por lo menos en los aviones, y es posible que se lo piense dos veces en otros contextos, o por lo menos que actúe de manera más reflexiva”. Ese es el objetivo de Lonely Whale.
En opinión de Ives, “cualquier cambio que introduzcan las líneas aéreas tendrá efectos significativos”, aunque solo sea por la cantidad de pasajeros, cada uno de los cuales recibe alguna clase de objeto de plástico de un solo uso. “Y lo que es más importante, la empresa va a involucrar a sus clientes. Estamos influyendo en los corazones y las mentes de la gente”.
Además de los costes de eliminación que ahorrará a la compañía, se busca la sensibilización de los pasajeros
La directora ejecutiva de Lonely Whale afirma que su organización no ha tenido conversaciones con otras líneas aéreas sobre esta iniciativa, pero que otros grupos, sí. Los cálculos seguramente serán distintos en el caso de cada empresa. Ives apunta que algunas pueden tener más dificultades para garantizar el abastecimiento fiable de sustitutos que no sean de plástico dependiendo de dónde tengan sus centros de operación. Es lógico que Alaska Airlines haya dado el paso, considerando su estrecha vinculación con la zona de Seattle, que no tardará en declararse libre de pajitas. “La situación de cada una es diferente dependiendo de dónde se encuentre su sede central”, resume.
Con todo, piensa que la iniciativa es una "verdadera señal" de que se está produciendo un cambio cultural. “Estamos a la expectativa de ver qué clase de diálogo impulsa”, concluye. “Todo empieza por las pajitas”.
Este texto fue pubilcado originalmente en inglés en la página web de Newsdeeply.
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