terça-feira, 28 de outubro de 2014

Em defesa do jornalismo sul americano.


En defensa del periodismo



No son pocas las personas que acusan a la prensa brasileña de golpista.

Según éstas, los medios de comunicación se dedican a hacer campaña contra el Gobierno, idea que deviene de una década de retórica sistemática del Estado contra la labor de la prensa. A fin de cuentas, se trata de un ataque al periodismo, es decir, a los periodistas que realizan su labor, la cual siempre es fiscalizar al poder.


En el caso brasileño, el PT que se encuentra a cargo de la presidencia hace 12 años. En Argentina, los Kirchner están en el poder hace más de una década, y en Venezuela el chavismo se perpetúa en el poder desde 1998. Aun así, es común a esos Gobiernos presentarse como víctimas constantes de golpistas, incluso cuando tienen un control extendido sobre el Gobierno y aumentan constantemente su influencia sobre la sociedad. Es una estrategia poderosa. El discurso de la fragilidad les permite acumular cada vez más poder.


En Brasil, la divisoria de aguas en este sentido fue el discurso del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva proferido en Quixada, Estado de Ceará, en agosto de 2005. En aquel momento, el Gobierno enfrentaba el inicio de la crisis del “mensalão” — la trama de compra de apoyo político en el Congreso — que acabó siendo condenado por el Supremo Tribunal Federal años más tarde. Por primera vez y de forma sistemática, Lula atacó el trabajo de la prensa, llamando a los periodistas “pájaros de mal agüero”, en una referencia a los críticos de otro presidente brasileño, Getúlio Vargas.


"Hay pájaros de mal agüero que no quieren ver el dedo que está frente a sus narices. Igualmente voy a continuar hablando y seré ‘radio peón’ para daros a vosotros informaciones”, discursó el entonces primer mandatario.


Los líderes políticos de Venezuela y Argentina se presentan como víctimas constantes de golpistas, incluso cuando tienen un control extendido sobre el Gobierno


Ahora, días antes del segunda vuelta, la prensa informó que Lula y la presidente Dilma Rousseff sabían sobre los millonarios desvíos de recursos de Petrobras, la empresa estatal petrolífera brasileña. Dilma fue a la televisión a atacar a la revista que brindó primero la información. Como resultado, vándalos atacaron la sede de la editora.


Los que suscriben de la tesis del golpismo deberían observar los nombres de los periodistas que firman las notas. En el caso más reciente, la materia de la revista VEJA fue profundizada por algunos de los más experimentados y renombrados periodistas de investigación del país.

Por su parte, en el periódico Folha de São Paulo, Mario Cesar Carvalho trajo nuevos detalles sobre el tema, así como Fausto Macedo en O Estado de São Paulo. Ambos poseen décadas de carrera profesional, habiendo publicando incontables primicias, independientemente del color partidario de los mismos.

Ahora bien, ¿por qué las informaciones fueron publicadas días antes de la elección? Por una simple cuestión temporal. El testimonio que reveló las acusaciones fue dado el martes de esa semana y, por lo tanto, habría sido imposible conocer sobre el tema antes del martes. La primera publicación es solo un paso de la investigación que se prolonga en la prensa.

La tesis que los periodistas tienen como objetivo perjudicar al Gobierno es de interés solo de los propios Gobiernos

Producir buen periodismo requiere técnica y paciencia. El trabajo de los hombres de prensa no es nada fácil. Descubrir esas informaciones incluye conversar con decenas de personas que tuvieron acceso a las mismas, cruzar datos y afirmaciones y buscar documentos. Ello no se hace de un día para el otro. Además, la constante presión política contra el supuesto golpismo y las constantes amenazas sobre las fuentes hace que las mismas tengan cada vez más recelo de hablar con la prensa. Muchos creen que tienen sus teléfonos intervenidos y/o que son seguidos en sus desplazamientos.


La tesis que los periodistas tienen como objetivo perjudicar al Gobierno es de interés solo de los propios Gobiernos. Recientemente, en el encuentro de periodismo de investigación latinoamericano realizado en México, fueron expuestos impresionantes trabajos sobre diversas investigaciones llevadas a cabo por la prensa. En Argentina, por ejemplo, el Gobierno acusó a algunos periodistas de intentar desestabilizar a la presidente del país. No casualmente, son los mismos periodistas que revelaron que los Kirchner recibieron pagos millonarios en sus hoteles con dinero originado en uno de los mayores proveedores del gobierno. 


Por su parte, en El Salvador, los “golpistas” revelaron que un ex presidente se enriqueció mientras estaba en el cargo y construyó durante sus años en el Gobierno una de las mayores mansiones del país. En Perú, otro periodista supuestamente contrario al oficialismo dio a conocer que la familia de un también ex mandatario aumentó su patrimonio inmobiliario de forma sospechosa.


Es común, además de la corrupción, la respuesta oficial, un supuesto intento de golpe. También es común el hecho que los periodistas dedicaron meses y años de sus vidas a esas investigaciones.


Muchos enfrentaron amenazas y presiones oficiales, además del riesgo de ser procesados y condenados por errores e informaciones no verídicas. Son los hombres y mujeres de prensa que corren peligros por ir detrás de esas historias y son ellos quienes tienen algo muy valioso para perder: la reputación de su nombre, sino su propia vida. De hecho, en 2013 Brasil se convirtió en el país con mayor número de periodistas muertos, sobrepasando a México.

Antes de hacerse parte de las acusaciones de golpismo, hay que saber quién es el periodista. Es que, como dijo George Orwell, periodismo es publicar lo que los poderosos de turno no quieren ver publicado. El resto es publicidad.

Fernando Mello es periodista y estudiante de maestría en la Universidad Georgetown. En 2013, ganó el Premio de Reportaje en Profundidad de la Sociedad Interamericana de Prensa. En 2014, ganó uno de los Premios Latinoamericanos de Periodismo Investigativo.

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